Las señales de alarma están encendidas por lo que viene ocurriendo en el Cauca y también en Jamundí. Las confrontaciones armadas y los bombazos los llevan a atravesar un mal momento. El más reciente atentado… Más
El mal servicio de las EPS en Colombia
Ha venido tomando fuerza en Colombia, que muchas empresas distribuidoras de medicamentos no dispensan las fórmulas completas o, sencillamente, argumentan que no hay fármacos.

Si debiéramos resumir en una sola palabra el drama que enfrentan millares de colombianos al iniciar la ruta para reclamar los medicamentos de una EPS, sería: lamentable. Seguir leyendo «El mal servicio de las EPS en Colombia»
Se van desenmascarando los congresistas que traicionan a los colombianos
Los electores no pueden olvidar a quienes se han opuesto a las Reformas Sociales. No solamente traicionaron al pueblo, sino que han favorecido sus propios intereses.

Nos acercamos a un período electoral. Y, por supuesto, muchos congresistas están expectantes de ser elegidos nuevamente. Vivir de la teta estatal es algo sabroso, sobre todo porque reciben $48 millones mensualmente, sin sudar la gota como la mayoría de los colombianos. Además, gozan de otras arandelas como los contratos y empleos que piden como “peaje” algunos de ellos. Es su forma de aprobar una iniciativa en la cámara legislativa. Seguir leyendo «Se van desenmascarando los congresistas que traicionan a los colombianos»
Los acuerdos de paz no pueden acabarse en Colombia
Antes que pensar en acabar los acuerdos, no solo en este gobierno—si el ELN manifiesta su voluntad política—hay que seguir en conversaciones e, igual, en el próximo período de gobierno.

Por estos días estoy inmerso en la lectura del libro “Las guerrillas en Colombia” de, Darío Villamizar, sociólogo, periodista y escritor que ha investigado el origen de los treinta grupos insurgentes que han hecho tránsito desde la década de los cincuenta. Seguir leyendo «Los acuerdos de paz no pueden acabarse en Colombia»
El “guireo” o el arte de matarse por pura adrenalina
La falta de oportunidades e intervención con programas sociales, alimentan el enfrentamiento entre adolescentes. El alcalde de Cali está ausente, dicen los habitantes de las zonas deprimidas.

Juan José García tiene 15 años, quedó paralizado y, de acuerdo con los especialistas, no podrá recuperarse. Solo mueve los ojos. Su padre los abandonó cuando aún eran muy pequeños.
No se accidentó practicando piruetas en una motocicleta o parkour, tampoco fue arrollado por un vehículo y, menos, se cayó de alguna altura significativa. En absoluto. Recibió un golpe contundente con un ladrillo, en uno de los constantes enfrentamientos entre adolescentes que se producen durante la noche, en el Distrito de Aguablanca, en el oriente de Cali.
Vive con su madre, su cuidadora durante las 24 horas del día, en una casa de solo dos piezas, en el barrio Petecuy. Hasta allí les llegó la desgracia.
Doña Leonor no puede resignarse a creer que ese es el mismo muchacho que otrora jugaba al fútbol en las callecitas del sector. Para rebuscarse, ella tiene una venta de arepas en la esquina, pero cada media hora se escapa para ver cómo se encuentra Juan José.
En lo más íntimo de su corazón sueña con encontrarlo, un día cualquiera, sentado en su cama. Pero segundos después la asalta la realidad: científicamente es imposible.
Juan José era practicante del guireo, auténticas batallas campales que han tomado fuerza desde hace casi dos años. Se enfrentan con piedras, cuchillos, palos, guayas metálicas, cadenas y lo que encuentren. Los conflictos ya han desencadenado homicidios y heridos graves, al tiempo que se refleja en la deserción escolar y el resurgimiento de las “fronteras invisibles”.
Dicen que comenzó en el barrio Tercer Milenio y se ha ido extendiendo a El Retiro, Desepaz, Potrero Grande, Petecuy y El Vallado.
Los participantes se citan en una cuadra, un parque o una cancha. Detrás del peligroso ‘guireo’ no hay otra cosa que adrenalina que fluye en torrentes como consecuencia de romper las reglas y un extraño deseo de divertirse, aún a costa de su vida.
Es un drama social que reclama la intervención social y económica del alcalde de Cali, Alejandro Éder. El mandatario, proveniente de las altas élites del oligopolio azucarero y de los cultivos cañeros, se ha dedicado a favorecer a los de su clase, desconocimiento los altos índices de pobreza de la capital.
Solamente generando educación, oportunidades de recreación y acompañamiento para cerrar las brechas, se puede frenar el que los adolescentes se maten en las calles, porque no tienen nada más qué hacer…
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A 28 años de la masacre de El Salado, Colombia todavía no olvida
Una masacre que marcó la historia de Colombia. Curiosamente, mientras ocurrían los hechos, la fuerza pública jamás hizo presencia en el lugar. Más de cien víctimas en dos semanas de violencia paramilitar.

Si usted se pregunta cómo era El Salado, el remoto caserío en Montes de María, bastará decir que eran unas cuadras cortas que convergían en una iglesia, sobre un costado del parquecito “Cinco de noviembre”, donde toda la gente se de daba cita, particularmente en las tardes de los fines de semana. No había mucho qué hacer, así que reunirse y conversar, constituía el único programa al que tenían acceso, pero que anhelaban que llegara, para salir de la rutina. Seguir leyendo «A 28 años de la masacre de El Salado, Colombia todavía no olvida»
Se busca…
Solamente vino a darse cuenta cuánto amaba a su padre, el día que se perdió y no supo de él por varios días.

Luis Ángel se volvió popular en el barrio y más allá, por los afiches fotocopiados en blanco y negro, que sus familiares pegaban en muros y postes. No lo promocionaban como artista pop, exponente de bachata y menos de la música popular como Darío Gómez. En absoluto. En esos avisos advertían que se encontraba extraviado, decían que padecía Alzheimer, y diabetes y dejaban un teléfono de contacto.
Para el momento de su pérdida, tenía 78 años, y un día aprovechó la puerta abierta en casa y salió a la calle, con la misma curiosidad y entusiasmo de un niño al que llevan a conocer el mar. Caminó y caminó y la avenida se hizo tan larga, que se fundía en el horizonte, en ese punto infinito donde el sol muere al caer la tarde.
Para Luis Ángel no había fronteras. Pronto Cali le quedó pequeña, pasó a Jamundí, llegó al Cauca y siguió andando. Con sed, con hambre, con frío y con calor. Algunos se apiadaban del anciano y lo llevaban en carro hasta el pueblo siguiente.
Él no tenía afán, ni tiempo, ni memoria. Sencillamente un propósito: caminar. Lo hizo por espacio de dos semanas.
Entretanto, Alejandra lo buscó en Cali. Fue a los hospitales, las clínicas, la morgue, buscó bajo los puentes, a las orillas de los ríos y adonde le decían que habían visto a alguien parecido.
Cuando enfermó de Alzheimer, lamentó ser hija única y tener que llevar a cuestas la que consideró una pesada carga. Olvidó las tardes en las que, el hoy viejo, fue a recogerla al colegio; los sacrificios en diciembre, cuando Luis Ángel no compró ropa ni zapatos, para darle a ella la muñeca o bicicleta que las niñas anhelaban en la época. Y, por supuesto, no recordó que Luis Ángel hizo todos los sacrificios para que ella pudiera estudiar una carrera profesional.
Por eso, cuando le avisaron que estaba en la principal vía de acceso a San Juan de Pasto, fue apresurada, anhelando tener alas para llegar de inmediato. Lo abrazó, con tanta fuerza, que deseaba fundirlo en su cuerpo. Había aparecido Luis Ángel, tostado por el sol, algo enfermo y con hambre… Había recuperado a su viejo del alma…
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Se fue de Ginebra el último lector voraz
Con más de 80 años, don Rogerio es dueño de una cultura sorprendente. Su promedio de lectura es de mil páginas semanales.
Ginebra es un pueblo mágico con casas de múltiples colores y un templo gigantesco de comienzos del siglo pasado. Todos se conocen y se saludan con afabilidad, como si fueran una familia. E, invariablemente, los fines de semana atiborran el solar de las Reyes, donde venden los mejores maduros aborrajados y empanadas de toda la región. Seguir leyendo «Se fue de Ginebra el último lector voraz»
Las emisoras de paz no pueden acabarse
Las emisoras de paz son una expresión de nuestra democracia porque abren espacios para la participación ciudadana, abierta y sin restricciones.
Eran otros tiempos. A comienzos de la década de los ochenta. Trabajaba en radionoticieros y en el diario El Caleño. Una época maravillosa e inolvidable en la que se liberaba mucha adrenalina detrás de las noticias. Trabajaba en Cali, pero vivía a treinta kilómetros, en Vijes, un pueblo muy pequeño y hermoso de mi Valle del Cauca, como sacado de un cuento de Gabriel García Márquez.
No podía ocultar el entusiasmo cuando mis paisanos me compartían que escuchaban la radio. “No me pierdo las noticias”, decían e íntimamente experimentaba una satisfacción enorme, como periodista que apenas comienza en el oficio. En ese momento descubrí el enorme poder de la palabra a través de las ondas hertzianas.

Quien deseara tener un espacio en las emisoras debía pagar, y bastante. Un lujo que solo podían darse los charlatanes y quienes pretendían arreglar matrimonios, atraer el ser amado y sanar las “cuitas de los despechados” con tomas mágicas que no eran otra cosa que agua y anilina, que muchos compraban con ilusión.
Lo que rompió esa brecha y permitió que las comunidades pudieran expresarse libremente y sin pagar, fueron las emisoras de paz. Una iniciativa que surgió como consecuencia del Acuerdo de Paz, en noviembre del 2016. Le dio voz a los que, por años, permanecieron callados.

Líderes sociales, comunales e incluso, quienes aprovechan esas ondas para impulsar procesos formativos, han tenido eco, lo que hace poco más de treinta años era imposible.
Desde el 2022 se escuchan voces aisladas e insidiosas de María Fernanda Cabal que pretenden asociar esas radios con plataformas controladas por la insurgencia, lo que no solo riñe con la verdad, sino que pone en peligro a quienes transmiten sus programas. “Es tanto como ponernos una lápida encima”, dijo Walter Salazar, uno de los líderes que se siente hoy amenazado.
La solidez de una democracia se sustenta en que todos puedan expresarse. Materializar aquello de que la participación ciudadana en todos los espacios debe ser abierta y real. En esa dirección, debemos defender la permanencia de las 20 emisoras de paz que hay en Colombia.
(c) Fernando Alexis Jiménez | @CrónicasdeMacondo
Los pájaros ya no trinan en el Catatumbo
Una de las regiones más hermosas del país se ha convertido en un escenario de muerte y desplazamiento por cuenta del conflicto armado.
Hace poco más de dos meses el canto de los pájaros en el Catatumbo se apagó para dar paso a los constantes disparos de fusil o el incesante tableteo de las ametralladoras, que testimonian los combates que aún libran el ELN, las disidencias de las FARC y otros actores armados que defienden el territorio como propio. Seguir leyendo «Los pájaros ya no trinan en el Catatumbo»
El problema entre Colombia y Estados Unidos no termina
El congelamiento de los recursos que se habían asignado a la Justicia Especial para la Paz (JEP) resulta más que preocupante.
Las diferencias surgidas entre Colombia y Estados Unidos a raíz de la deportación de decenas de connacionales, va para largo. El presidente Petro hizo una reclamación a la que respondió Trump señalando que le estaba enviando “narcos y pandilleros”. Y aun cuando muchos alcanzaron a persignarse pensando que llegarían los modernos émulos de Pablo Escobar, de los Gacha o de los Rodríguez Orejuela, lo cierto es que los repatriados no tenían antecedentes. Seguir leyendo «El problema entre Colombia y Estados Unidos no termina»
Las “Voces Inocentes” del Catatumbo
El enfrentamiento armado en la región del Catatumbo deja decenas de muertos y sinnúmero de niños huérfanos, como ocurrió en Centroamérica. Esta guerra debe terminar.

Por estos días se van a cumplir diez años desde que el mundo viera con asombro la película “Voces inocentes”. Casi dos horas describiendo el conflicto armado en El Salvador, el sufrimiento de la gente y las mil y una ideas ingeniosas para evitar que los niños fueran reclutados por las fuerzas militares. Seguir leyendo «Las “Voces Inocentes” del Catatumbo»













